domingo, 7 de octubre de 2012

HASTA PRONTO

¡Hola amigos bloggeros! Sé que hay personas que estais siguiendo este blog con muchísimo cariño y a todos quiero daros LAS GRACIAS CON MAYÚSCULAS por leerme. Yo estoy encantada de compartir mi trabajo con vosotros y seguiré haciendolo ¡por supuesto! Pero lamento comunicaros que por circunstancias personales durante este mes y hasta casi mediados de Noviembre me va a ser complicado seguir publicando en el blog. Os pido disculpas porque supongo lo incómodo que puede resultar quedar a medias pero la vida me conduce a atender otros menesteres que son tan importantes o mas que mi profesion. Lo siento. Esperando poder seguir en contacto con todos el mes que viene, os envio mis mejores deseos y un fuertisimo abrazo.


jueves, 4 de octubre de 2012

TERCERA PARTE: LA BOCA (FIN)

-¡Ya lo entiendo!, –dijo Sergio–. ¡Pero hay veces que es imposible no enfadarse y soltar cosas que no quieres!
-¡Stop! ¿Ves lo que acabas de decir?: “Imposible”. Podrías haber dicho por ejemplo poco probable. Te sentirías ahora mismo mucho mejor y al menos dejarías abierta una pequeña posibilidad. Imposible es una palabra enormemente negativa porque ¡cierra todas las puertas!
-¡Vale, tienes razón! ¿Pero cómo podemos entonces cambiar nuestro vocabulario?
-Fácil: cambiando vuestra manera de pensar. Pero esa  información no me corresponde contarla a mí. Yo solo hablo.
-Entonces, ¿qué hacemos aquí? ¡Al Cerebro de inmediato! –dijo Sergio pegando un salto y cayendo de culo en la Lengua.
-¡No tan deprisa! –nos interrumpió esta última. En la boca aún pueden daros información interesante. Yo que vosotros no me iría de aquí sin hablar con las Mejillas. Conque habléis al menos con una de ellas será suficiente.
-¿Con las Mejillas? ¿Tenemos que volver a salir fuera?
-¡No hombre, no! Las Mejillas son las paredes laterales que cubren la boca. Ahora mismo tenéis una a vuestra derecha y otra a vuestra izquierda.
La muela Caries que había estado escuchando toda la conversación de repente nos dijo:
-Si queréis os puedo servir de asiento; total, ¡ya me he desvelado!
Entusiasmados, agradecimos a la Lengua todo lo que nos había contado y la dejamos descansar. Estábamos poniéndonos cómodos encima de Caries cuando una vocecita nos sorprendió:
-Vosotros debéis de ser Enol, Sergio y Nicolás, ¿verdad?
Alucinados vimos como de la rosada pared aparecía una pequeña boca que se movía.
-Sí… ¿Cómo lo sabe?
-¡Aún no os habéis dado cuenta de que aquí dentro todo se sabe! En fin… ¡No sois tan listos como me han dicho!
-¡Somos muy listos! –protestó Sergio poniéndose de pie.
-Bien, entonces ¡tendréis que demostrármelo! ¿Qué queréis de mí?
-¿Usted sabe el secreto de la vida? –le preguntó Sergio directamente.
-No le haga caso –Interrumpió Nico sabiendo que ella tampoco nos lo diría. ¿Qué función tiene usted en el cuerpo?
-¡Una muy importante chicos!
-¿Ah sí? ¿Y cuál es?
-Pues soy la encargada de sonreír. ¿Sabéis cuantos músculos movéis cada vez que os reís?
-No.
-¡Ni más ni menos que diecisiete! Alucinante, ¿verdad?
-Sí… -contestó Sergio con desgana–. Chicos, yo creo que deberíamos irnos al Cerebro…
-¿Qué le pasa a este chico? ¿Por qué tiene tanta prisa? –nos preguntó la Mejilla con curiosidad.
-Bueno…
-Disculpe señora Mejilla, no quiero que piense que tengo nada en contra suyo –dijo Sergio muy educadamente–, pero verá, estamos en busca de un secreto muy importante y creo que usted no tiene ningún tipo de relación con él.
-¡Aquí todo está relacionado! Y además, ¿cómo puedes pensar que la risa no es importante en la vida?
Todos nos quedamos callados. Entonces la mejilla continuó:
-La risa  es una herramienta maravillosa. Nos llena de vida y es una poderosa fuente de salud. ¡Ojalá todos nos riéramos constantemente! ¡No tendríamos que gastar dinero en medicamentos!
-¿La gente que se ríe no se pone enferma? –le pregunté con curiosidad.
-Veréis, el cuerpo humano por naturaleza es perfecto y está diseñado con la capacidad de curarse a sí mismo. Aquí dentro todo es posible. Cuando nos hacemos una herida, por ejemplo, por muy mala pinta que tenga sigue el camino de la cicatrización. Pues lo mismo ocurre cuando caemos enfermos. Si sabemos, tenemos la capacidad de subsanar el problema.
-¿Cómo?
-¡Pues eliminando la causa que lo creó! Y para que nos resulte aún más fácil, nos han dado dos herramientas magníficas: la risa, de cuya misión me encargo yo y la imaginación que está en el Cerebro.
-¡Nosotros nos destornillamos de risa cuando estamos juntos! –dijo Nico.
-¡Eso es fabuloso! La risa es antidepresiva y hace que vivamos más tiempo. Al reírnos estimulamos todas las células de nuestro cuerpo y sentimos una profunda sensación de bienestar. Cuando estamos tensos o nerviosos, por ejemplo, una buena carcajada puede borrar de un solo soplido cualquier preocupación. A partir de ahora fijaos. ¿No os habéis dado cuenta de que la gente enferma siempre está muy seria? ¡Las personas alegres gozan de una salud excelente!
-Entonces, si estamos enfermos ¿lo mejor que podemos hacer es reírnos mucho?
-Sí. ¡Al menos si queréis sanar pronto!
-Pero… ¿cómo se hace eso? ¡Cuando te duele algo no puedes reírte!
-¿Quién te ha dicho eso?
-Nadie, pero ¡yo cuando me encuentro mal lo que menos me apetece es partirme de risa!
-Tú mismo lo has dicho…”lo que menos te apetece”. Nadie ha dicho que no se puedan hacer las cosas que no apetecen.
-¡Uff! ¡Esto del cuerpo humano es complicadísimo! Ahora entiendo por qué los mayores están siempre tan preocupados… ¡Hay que estudiar por lo menos cinco carreras universitarias para entender todo esto! –protestó Sergio lanzando un soplido.
-¡Qué va! Es todo muy sencillo en cuanto se tienen un par de cosas claras. Seguid vuestro camino; ahora sí que podéis visitar el Cerebro. Allí os enteraréis también de cosas muy importantes.
-Gracias por todo –le dijimos a nuestra amiga la Mejilla.
-A vosotros por visitarme. ¡Mucha suerte en vuestro viaje!
Así, despidiéndonos de La Mejilla y de Caries, emprendimos camino hacia la campanilla sin tener ni idea de cómo subiríamos hasta el Cerebro. Antes de llegar, me paré y saqué del bolsillo del pantalón mi libreta: tenía información importante que anotar:
-Existe una LEY UNIVERSAL: TODO ATRAE A SU SEMEJANTE.
-Debemos facilitar el flujo de la vida a través de nuestro cuerpo:
  • Aceptar lo que esta nos da
  • Asimilarlo correctamente
  • Eliminar lo que es tóxico, no necesitamos o no nos conviene
-Las palabras que decimos son muy importantes: crean realidades.
-La risa aumenta la vida y elimina las enfermedades.
Los tres nos acercamos temerosos a aquel enorme agujero negro. Al llegar a la campanilla, Sergio dio un paso para atrás:
-Chicos, esto no me gusta nada ¡Yo me vuelvo a mi casa que mi madre seguro que está preocupada!
-¡No seas caguica! –le contestó Nico–. Estás apunto de vivir la mayor experiencia de tu vida y ¿te meas en los pantalones…?
-¡Anda, déjale que se vaya si quiere! –añadí yo–. ¡Los valientes no necesitamos a cobardes al lado que nos dificulten el camino!
-¡Yo me quedo! –nos contestó Sergio enfadado–. ¡Soy un héroe! Jamás me he rendido y esta no será la primera vez…
-Bien, pues ahora habrá que pensar cómo subimos ahí arriba –dijo Nico asomando la cabeza.
                                           Continuará......

miércoles, 3 de octubre de 2012

TERCERA PARTE: LA BOCA (3)

-Quizás… ¿si nos ponemos a saltar…? -sugirió Nico.
Y así lo hicimos: saltamos hasta caer rendidos y sedientos. Cuando ya estábamos a punto de darnos por vencidos, una voz por fin habló.
-Hola. ¿Vosotros quiénes sois?
-¡Por fin! –dijo Nico quitándose el sudor de la frente. Mi nombre es Nicolás; y estos son mis amigos Enol y Sergio. ¡Sí que es usted dormilona!
-Aquí dentro no hay otra cosa que hacer…
-Pues nos han dicho que es usted el músculo más importante del cuerpo…
-Sí. Mi trabajo es agotador, por eso necesito después tantas horas de sueño.
-¿Y qué es lo que le manda hacer su jefe? –preguntó Sergio.
-¿Mi jefe?
-Sí, ya sabemos que usted recibe órdenes del Cerebro.
-¡Ah, es eso! Sí, así es; pero allí no trabaja mi jefe…
-¿Ah, no? Pero si…
-No.
-¿Y dónde…? –preguntó Sergio, obsesionado con la idea de que si encontraba al encargado, todo se resolvería.
-No puedo dar esa información…
-¿Por qué?
-Es una de las cláusulas del contrato… ¡lo siento!
-Pero…
-No insistáis. ¿Queréis saber las órdenes que me envía el Cerebro o me vuelvo a dormir?
-Está bien Sergio, ¡ya nos enteraremos de quién manda!, –interrumpí para no enfadar a la Lengua–. Sí, ¡cuéntenos todo lo que hace!
-La boca es el órgano del cuerpo que representa la incorporación de nuevas ideas y alimentos, y en esas dos cosas yo desempeño un trabajo muy importante.
-¿Las ideas entran por la boca? ¡Yo pensaba que entraban por las orejas! -apuntó Sergio.
-Todas las palabras entran y salen cuando abres la boca y te dispones a hablar… pero vamos paso a paso. Para empezar, por la boca entra el alimento que como me imagino ya sabréis es indispensable para la vida…
-¡Ya hemos estado hablando con Caries!
-Sí, pero las muelas y los dientes no podrían realizar jamás su trabajo sin mí. ¡Aquí dentro todo funciona en equipo! Yo facilito enormemente su trabajo proporcionando la saliva necesaria para triturar bien la comida. Mirad hacia abajo, ¿veis esos agujeritos?
-¡Sí!
-Son las papilas gustativas, y es donde todos tenemos el sentido del gusto. Cuanto más agradables sean las sensaciones percibidas mayor será también la secreción de saliva.
-Y mejor será entonces nuestra digestión, ¿verdad?
-¡Efectivamente! Aquí dentro hay varias leyes universales. Acabáis de descubrir la primera de ellas: TODO ATRAE A SU SEMEJANTE. El placer y el bienestar crean más circunstancias para experimentar dichas sensaciones.
-¡Entonces lo más recomendable es pasarse el día comiendo chuches y chocolate! –dijo Nico emocionado.
-¡No tan deprisa!, –le interrumpió la Lengua–. ¿No os han dicho ya que hay que cuidar todo lo que se tiene?
-¡Sí! –contestamos los tres a la vez.
-Nuestro cuerpo al igual que la propia vida es un constante fluir…
-¿Como el agua de un río?
-¡Muy buen ejemplo, Enol! Si os fijáis, el agua de un río nunca se estanca en un sitio, siempre se mueve.  Por una misma roca pasa constantemente agua nueva. Siempre es agua, pero cada segundo es diferente. Pues la vida y el cuerpo humano siguen las mismas pautas de la naturaleza. Constantemente llegan cosas nuevas y se abandonan las viejas.
-¿Y qué tiene que ver eso con el chocolate? –preguntó Nico.
-Pues muy sencillo. Hay alimentos que limpian y otros que ensucian nuestro organismo. O en otras palabras: hay comida que ayuda al flujo de la vida y otra que le dificulta bastante su trabajo. ¡De todas formas ya os dirán más cosas sobre este tema en el Cerebro! Mi trabajo es ayudar a los dientes y a las muelas a triturar la comida que cada ser humano decide meterse en la boca. Esa es una de mis funciones.
-¿Y la otra?
-La otra es igual de importante: soy el músculo encargado del lenguaje. El Cerebro me envía un mensaje, yo abro la boca y lo trasformo en palabras.
-¿Y te gusta tu trabajo?
-¡Depende! Hay veces que es maravilloso, la verdad; pero otras veces simplemente te limitas a hacer tu función deseando que termine lo antes posible…
-¿Y de que depende?
-¡Pues del mensaje que te envíen! Como os dije, aquí dentro todo atrae a su semejante. Es una ley universal que siempre se cumple; como la Ley de la Gravedad: da igual que se tire por la ventana de un sexto piso un asesino que un cura, los dos caen hacia abajo… ¿verdad? ¡Así son las leyes! No tienen en cuenta el bien, ni el mal, ni las opiniones, ni los prejuicios, ni la justicia… ¡Funcionan y ya está!
-¿Y qué relación tiene esa ley con que a ti te guste tu trabajo?
-¡Pues toda! ¿No os dais cuenta de que si el mensaje es positivo lo que me pasa a continuación es maravilloso? ¡Ojala siempre fuera así! Pero por desgracia a veces me llegan mensajes horribles y yo me veo en la obligación de hacer mi trabajo aún sabiendo lo que me ocurrirá después… Abro la boca y digo las palabras tal cual me ordenaron desde el Cerebro.
-¡No sabía que las palabras fueran tan importantes!
-¡Lo sé!... Si todos los seres humanos tuvieran el conocimiento y fueran conscientes del alcance que tienen sus actos ¡el mundo sería un lugar diferente! Pero bueno, todos actuamos lo mejor posible dentro del conocimiento y la consciencia que tenemos en el momento.
-¡No entiendo lo que quieres decir! –dijo Nico.
-Es muy sencillo: hay personas que ingenuamente piensan que Dios, o el que nos puso aquí, se limita a jugar a los bolos con el Universo… Vamos, creen en la suerte, en el destino, y piensan que hay fuerzas más poderosas que les controlan.
-¿Y no es así? –preguntamos los tres sin entender nada de lo que estaba diciendo.
-¡Claro que no! Abrid los ojos, fijaos en el Universo, observad la Naturaleza. ¿No veis la armonía y el orden de todas las cosas? Nadie que haya creado tal perfección  abandonaría a la suerte algo tan importante como una vida, ¿no os parece?
-Lengua, perdona, pero es que no acabamos de entender lo que quieres decirnos…
-¡Vale! ¡Vale! De todas formas en el Cerebro os darán más información. Lo único que quiero que entendáis es que las palabras son importantes. Todo lo que hacemos lo es. ¿Por qué no iba a serlo lo que decimos?
-¿Y de qué depende lo que decimos?
-¡Buena pregunta Sergio! De lo que pensamos; de ahí que la orden me llegue del Cerebro.
-¿Y cuáles son las palabras que te hacen daño?
-¡Uff! ¡La lista es infinita, chicos!
-¿Y no podrías darnos un ejemplo?
-Sí, claro. En general son todas las palabras que acompañan una connotación negativa. Es decir el vocabulario pesimista que nos hace sentir poca cosa, víctimas de las circunstancias. No os suenan frases como: “yo no valgo”, “eso es imposible”, “es culpa de…”, “tenemos muchos obstáculos”, “¡vaya catástrofe!”, “soy un inútil”, “estoy gordo”, “mi vida es un fracaso”, “nunca consigo lo que quiero”, “eso no es para mí”…
-¡Claro! ¿Y por qué son tan malas?
-Recordad la Ley: Todo atrae a su semejante. Los hombres creen que al decir estas palabras atraerán hacia sus vidas el efecto contrario. Pero eso aquí dentro no funciona así. Estáis muy equivocados. Si decimos que somos un fracaso, automáticamente nos sucederán cosas que nos hagan sentir fracasados.
-Entonces, ¿si digo que voy a ser un gran aviador lo conseguiré?
-¡Seguramente Enol! ¡Seguramente!, –contestó la Lengua con una sonrisa–. El problema está en que muchas veces, la mayor parte de nuestro precioso tiempo lo gastamos hablando de las cosas que no queremos…Os voy a contar un secreto: las palabras no se las lleva el viento como dicen por ahí: ¡crean realidades!
-Entonces –dijo Sergio–, ¿es como si nos estuviéramos construyendo nuestra propia cárcel?
-¡Exacto! En realidad es muy sencillo. Como ocurre con los alimentos, hay palabras que nos hacen sentir bien y otras que producen el efecto contrario. Aferrarse al odio y al resentimiento tiene el mismo sentido que coger en la mano un trozo de carbón ardiente para tirárselo a alguien. ¿Os parece eso inteligente?
-¡No! –gritamos los tres.
-¿Y por qué no?
-¡Porque el primero en quemarte vas a ser tú! –le respondí

lunes, 1 de octubre de 2012

TERCERA PARTE: LA BOCA (2)

-¿Y ahora qué? –protestó Sergio. ¡Estamos como al principio!
-¡No es así!, –contestó Nico–. Ahora ya sabemos algo más…
Sacó su libreta de aspillas del bolsillo de su pantalón y anotó:
Para resolver el misterio de la vida hay que tener las cuatro C:
·       Curiosidad
·       Confianza
·       Coraje
·       Constancia
-¡A mí esto me parece súper divertido chicos! ¿Alguna vez pensasteis que podríamos llegar a hablar con un moco? –dije entusiasmado.
-Bueno, ¿y ahora dónde vamos?
-Yo creo que deberíamos caminar por la lengua y tirarnos por ese agujero de allí –nos dijo Nico señalando hacia la campanilla–. Será como bajar por el tobogán.
-¡Esperad! –contesté–. Quizás haya alguien más aquí en la boca que pueda darnos pistas importantes. ¡Seguidme!
De un salto me coloqué encima de una muela blanca. Si me tumbaba me servía de cama, aunque estaba un poco dura.
-¿Vas a estar mucho tiempo? –me preguntó una voz.
-¿Quién me habla?
-¡La muela sobre la que estás sentado! Pesas un poco… ¿sabes?
-Ah, ¡disculpe!, –dije mirando hacia abajo– no sabía que…
-¿Que estaba viva?
-Sí –le respondí avergonzado.
-¡Aquí dentro todo está vivo muchacho!
-Igual puedes ayudarnos… Verás estamos intentando averiguar cuál es el misterio de la vida. Ya hemos hablado con Muco y he pensado que puede haber alguien más que nos dé información importante aquí en la boca…
-¡Bien pensado!
-¿Y tú cómo te llamas? –le preguntó Sergio desde el diente de al lado.
-Pues soy la muela Caries.
Sorprendido aparté mis pies y miré hacia abajo. Allí pude ver un enorme agujero negro del tamaño de mi zapatilla.
-¿Duele? –le pregunté.
-A veces. Cuando entran a la boca cosas muy frías o muy calientes. Los humanos sois raros. Os sentís desgraciados cuando en realidad deberías sentiros muy afortunados. ¡Estáis vivos!, y desde que nacéis se os han dado un montón de regalos de incalculable valor, como por ejemplo los dientes para que podáis masticar vuestra comida. ¡Eso debería agradecerse! Pero en su lugar, nos abandonáis. Nosotros hacemos nuestro trabajo rigurosamente, trituramos vuestra comida, facilitamos vuestra digestión y después… ¿cómo lo agradecéis? ¡Dejándonos llenos de porquería todo el día! ¿No os parece un comportamiento algo egoísta?
-Un poco… -contesté pensativo.
-Pensáis que no pasa nada… ¡pero siempre pasa! ¡Aquí todo cuenta! Y así yo estoy condenada a vivir sintiendo asco de mí misma… ¡Qué cruz!
-Ahora entiendo porqué papá insiste tanto en que yo y mis hermanos nos lavemos los dientes después de comer… ¡Sí que es importante! –dijo Sergio.
-¡Claro que lo es! Deberíais cuidar todo lo que tenéis. Las personas inteligentes lo hacen porque saben que así se evitan muchos problemas. Y bien, respecto a lo del misterio de la vida, yo os aconsejaría que antes de abandonar la boca hablarais con la Lengua. Es el músculo más importante del cuerpo, quizás pueda deciros cosas interesantes.
-¡Muchas gracias, Caries! –le dije dando un salto hasta el lugar donde hacía unos minutos había encontrado a Muco.
-¡Cuidado! –me dijo demasiado tarde… Me había vuelto a caer.
-Hola señora Lengua –empezó hablando Nico muy educadamente.
Silencio.
-No queremos molestarla. Somos Nicolás, Sergio y Enol y solamente queríamos hacerle unas preguntas.
Silencio.
-Debéis despertarla –nos dijo Caries amablemente. Suele estar dormida hasta que le suena el busca.
-¿El busca? –preguntamos los tres sorprendidos.
-Sí, una especie de dispositivo que la informa de que tiene trabajo.
-¿Como el que llevan los médicos que están de guardia? –preguntó Nico con los ojos como platos.
-¡Exacto! Solo que la forma es algo diferente. En este caso, es una especie de membrana nerviosa la que da información a la Lengua.
-¿Y quién da las órdenes?
-¡El Cerebro, amigos! Ahí es dónde se cuece todo… Bueno, voy a intentar volver a coger el sueño. ¡Tengo que aprovechar las pocas horas que este ogro me deja de descanso! ¡Suerte y hasta siempre!
Sergio, Nico y yo nos quedamos callados, mirando hacia el suelo y preguntándonos cómo podríamos despertar a aquella cosa que teníamos bajo nuestros pies. Saqué del bolso de mi pantalón mi libreta y anoté:
Dentro del cuerpo todo está vivo”. “Los humanos somos poco agradecidos”. “Debe cuidarse todo lo que se tiene: es un regalo”.
-Quizás deberíamos pasar de la Lengua e ir directamente al Cerebro. Allí es dónde están los jefazos y seguro que pueden darnos información de primera –dijo Sergio señalando hacia la campanilla.
-No, hablaremos con la Lengua primero –insistí–. Quizás ella pueda decirnos algo interesante también.
-Pero… ¿no lo has oído? ¡Es una mandada! Solo obedece las órdenes del Cerebro. ¿Qué va a saber que no sepan allí arriba?
-¿Acaso no sabes tú cosas que no saben los mayores?
-¡Claro!
-¿Y ellos no te dan órdenes?
-Está bien… está bien… ¡hablaremos con la Lengua! ¿Y cómo tenéis pensado despertarla?
  

CONTINUARÁ......

viernes, 28 de septiembre de 2012

TERCERA PARTE: LA BOCA



-Bueno, ¿y ahora qué hacemos? –les pregunté a los chicos.
-¡Yo opto por intentarlo! –dijo Nico.
-A mí me da miedo. ¿Cómo vamos a meternos por la boca de este monstruo? ¿Estáis locos? –dijo Sergio echándose hacia atrás.
-¿Tú qué piensas? –me preguntó Nico.
-Pienso qué deberíamos intentarlo…
-¡Yo os espero aquí!
-No, ¡de eso nada! ¡O todos o ninguno!, –le dije a Sergio–. No va a pasar nada, estaremos juntos. Además, date cuenta de la cantidad de cosas que vamos a aprender ahí dentro. ¡Seremos los primeros niños que realizan un viaje así! ¿No tienes curiosidad por ver lo que pasa dentro de un corazón? ¡Tiene que ser alucinante! Igual hay naves espaciales, ¡como en ‘Érase una vez el cuerpo humano’!
-¡Está bien! ¡Pero yo me llevo mi libreta! –contestó Sergio a regañadientes.
Trepar hasta la boca del ogro fue complicado. Era realmente grande y tuvimos que valernos de nuestra fuerza y un poco de imaginación para llegar hasta allí. Nos situamos en sus mofletes y miramos hacia abajo:
-¿Estáis seguros de que queréis hacer esto? –nos dijo Sergio con cara de asco al ver el río de baba que se le caía al ogro mientras dormía.
-Hombre, la puerta vista desde aquí no es muy agradable… ¡pero quién sabe lo que hay dentro! –dijo Nico muerto de ganas por comenzar la aventura.
-Yo estoy con Nico, Sergio. ¡Piensa que su saliva es el agua del mar! ¡Navegaremos por ella como tres valientes y descubriremos el tesoro más valioso del mundo!
-¡Al ataque entonces!
-¿Quién es el primero en entrar?
-¡Yo mismo! –contesté.
Subí hasta su labio resbaladizo y sentí como me hundía hacia abajo. Allí adentro todo estaba muy oscuro. Me acordé de las películas de miedo que a veces le veía mirar al yayo Vicente y estuve a punto de retroceder, pero de repente una vocecita me sacó de mis pensamientos:
-¿Vas a decidirte algún día?
-¿Quién es?
-¡Me presentaré cuando te tenga enfrente! –me contestó.
-Pero… ¿dónde estás?
-Aquí dentro, en la boca. No puedes verme porque cuando se mira desde fuera siempre está muy oscuro.
-¿Y qué tengo que hacer para entrar?
-Simplemente, ¡saltar!
Cerré los ojos y me tiré al vacío. Caí sobre un suelo blandito de color rosa palo. Intenté moverme y me caí.
 
-¡Debes tener más cuidado!
-¿Acaban de fregar? –pregunté aturdido aún por la caída y sin saber con quién estaba hablando.
-No, siempre está mojado. Aquí dentro cada paso es importante, ¡no lo olvides!
Entonces miré alrededor y reconocí dónde estaba: ¡en el interior de una boca! Era impresionante: las luces de unos farolillos iluminaban toda la habitación. Una gran lengua gigante me servía de suelo, mientras flotaba entre dos paredes enormes rodeadas de dientes. Enfrente de mí una figura redonda de cara tranquila me sonreía y esperaba que me diera cuenta de su presencia.
-¿Quién eres? –le pregunté.
-Mi nombre es Mucosa, pero todo el mundo me llama Muco.
-¿Y a qué te dedicas?
-Yo y toda mi familia nos dedicamos a proteger el cuerpo, facilitamos la absorción de las cosas buenas del exterior y ayudamos a expulsar las malas.
-¿Sois muchos en tu familia? –se me ocurrió preguntarle.
-Oh sí, ¡millones! En este viaje te encontrarás con muchos Muco. ¡Estamos por todo el cuerpo!
-¡Enol! ¿Estás ahí?
De repente oí una voz conocida que procedía de arriba. Aturdido por la situación me quedé parado sin saber qué decir.
-Creo que son tus amigos. ¿No piensas invitarlos a bajar?
Entonces reaccioné. ¡Me había olvidado de los chicos! Nico y Sergio estarían asustados pensando que me habría ocurrido algo…
-Sergio… Nico… ¿podéis oírme? –grité.
-Sí… ¿Estás bien?
-Sí, escuchad: ¡tenéis que saltar!
Pocos minutos más tarde Sergio y Nico estaban a mi lado, enfrente de Muco, y con cara de alucinados miraban a todas partes.
-¿Os gusta esto? –les preguntó Muco viendo que ellos no le decían nada.
-Pero… ¿hablas? –dijo Sergio alucinado.
-¡Claro que hablo! ¿Tú no?
-¡Eres un moco con ojos, boca y nariz!
-Sí, más o menos. Pero mi nombre es Muco no Moco.
Sergio no pudo responderle. Lo que estaba viendo aquel día superaba todas las películas de aventura y todos los libros de fantasía que había leído en su vida.
-Perdónale –dije en su defensa–. Su nombre es Sergio, el del otro chico Nico y el mío Enol.
-Pues encantada… ¿Y qué hacéis por aquí?
-Estamos intentando averiguar el misterio de la vida –le contesté sin pensar–. Nos han dicho que aquí hallaríamos la respuesta.
-¡Ah! ¡El misterio de la vida! ¡Muy interesante! Entonces, seréis unos chicos valientes e inteligentes… ¿no?
-¿Por qué pregunta eso?
-¡Porque no todo el mundo puede encontrar esa respuesta! ¡Hacen falta las cuatro C!
-¿Cuáles son las cuatro C?
-Curiosidad, Confianza, Coraje y Constancia. ¿Vosotros las tenéis?
-¡Siempre resolvemos todos los misterios! De mayores seremos detectives –contestó Nico.
-Muy bien, entusiasmo tenéis. Las ganas no lo hacen todo ¡pero son un ingrediente fundamental para empezar cualquier cosa! ¡Os deseo mucha suerte! –nos dijo Muco dándose la vuelta.
-Pero, ¿tú sabes cuál es el secreto?
-¿Qué secreto?
-¡El de la vida!
-¡Pues claro que lo sé! ¡Aquí dentro todo el mundo lo sabe!
-¡Genial! –contestó Sergio pensando que el viaje iba a durar mucho menos de lo esperado–. ¿Y cuál es?
-No puedo decíroslo. ¡Nadie puede hacerlo! Vosotros tendréis que encontrar vuestra propia respuesta…
-Pero… ¡Pili nos dijo que aquí dentro hallaríamos la solución!
-Y así será si sabéis jugar bien vuestras cartas… Sin embargo la respuesta será únicamente vuestra.
-¿Cartas? ¡No entiendo nada! ¿Hemos venido hasta el interior del cuerpo de un ogro para jugar una partida? –protestó Sergio.
-¡No hombre! Lo de las cartas no era más que una metáfora… Veréis, estáis en el lugar indicado. Sólo aquí podréis encontrar la respuesta que buscáis, pero no será tan sencillo. No bastará con hacer una simple pregunta. Tendréis que ir un poco más allá para poder conocer la verdad.
-¿Y cómo lo haremos si nadie nos dice nada? –le pregunté perplejo.
-¡Todos os diremos cosas! Después vuestra inteligencia e imaginación harán el resto. Construiréis un mapa y él solo os llevará al tesoro. No puede ser de otra manera.
Y así con esas palabras vimos cómo Muco se evaporaba, convirtiéndose en lluvia y diluyéndose por toda la boca.

jueves, 27 de septiembre de 2012

SEGUNDA PARTE: EL VIAJE

Cogí mi cuaderno y salí de casa. Había quedado con Sergio y Nico a las seis en el prao de Mariano. Hacía mucho calor, así que me quité la chaqueta del chándal y me la amarré a la cintura. Estaba impaciente, deseaba ver a los chicos para que me contaran lo que ellos habían encontrado. Entre los tres daríamos con la solución al misterio. Al pasar por la avenida principal vi a la señora Rosa sacudiendo la alfombra desde el balcón. Me aparté para que la porquería no me callera encima.
-Anda Enol, ¡ya puedes pasar!, –me dijo cuando acabó con una sonrisa.
-Gracias, ¿qué tal está?
-¡Vamos tirando hijo! ¿Vas al prao de Mariano?
-Sí, me están esperando allí los chicos.
-Pasadlo bien y tened cuidado. ¡A ver cuando venís a hacerme una visita!
La señora Rosa era la madre del cura del pueblo. En navidades siempre nos daba un aguinaldo muy bueno a Sergio, a Nico y a mí. Era viuda y vivía enamorada de sus libros. Ellos y su hijo Ángel, el cura, eran toda su vida. En invierno, las tardes que llovía o hacía mal tiempo, nos invitaba a los tres a merendar a su casa. Nos hacía chocolate con bollos calientes. Le gustaba mucho hablar y contarnos historias. Nuestro lugar favorito era la biblioteca; una especie de santuario lleno de luz. El cristal ocupaba toda la pared así que había muchísima claridad para leer lo que quisieras. La señora Rosa tenía todo tipo de libros: de aventura, de misterio, de amor, de intriga… Cada historia era la puerta hacia un mundo nuevo y el tiempo se detenía entre todas aquellas páginas. Los tres queríamos mucho a la señora Rosa: era muy buena.
Aquella tarde ella me dio otra idea para anotar en mi libreta. ¿Por qué los mayores siempre decían ‘tirando’ cuando se les preguntaba qué tal estaban? ¿Se referirían a la mochila que me había contado la yaya? Miré para atrás y vi que no llevaba nada, sólo estaba su espalda. ¡Aquello era rarísimo! ¡Todos aquellos cabos tenían que conducir a algún tipo de puerto! ¡Seguro!
Llegué al sendero; ¡ya faltaba poco! Unos pájaros me dieron la bienvenida cantando y volando sobre mi cabeza. Sonreí. Hacía un día de sol precioso y me sentía feliz. De lejos, vi a los chicos. Algo raro estaba sucediendo. Al lado de Nico y de Sergio había algo muy grande, algo gigantesco ¿Qué era? Sergio tenía cara de asustado y se echaba para atrás diciéndole algo a Nico. Este último, con un palo, golpeaba aquella cosa una y otra vez. Empecé a correr. ¿Qué estaba pasando? Al acercarme, mis ojos y mi boca se abrieron al mismo tiempo:
-Pero…-pude acertar a decir.
-¡Es un ogro!, –me dijo Sergio cogiéndome por el brazo–. ¡Se ha escapado de los cuentos de la señora Rosa y no sabemos si está vivo o muerto!
-Es muy extraño… ¡Su corazón late pero no se despierta! –dijo Nico mientras seguía intentando golpearle con el palo.
-¡No se despierta porque está dormido! –gritó una vocecita a lo lejos.
Nico, Sergio y yo nos miramos. Allí solo estábamos nosotros tres y aquel ogro, tirado panza arriba con la boca abierta.
-Acaba de hablarnos… ¿lo habéis oído? –les dije a los chicos sin salir de mi asombro.
-No ha sido él, ¡he sido yo! –repitió la voz.
-Pero… ¿quién está hablando? -preguntó Sergio muy nervioso.
-Me llamo Pili. Vosotros sois Enol, Sergio y Nicolás, ¿verdad?
-Pero ¿quién está hablando? –gritamos los tres asustados mirando al cielo.
-Otra vez: me llamo Pili.
-¿Y desde dónde nos hablas? –preguntó Nico a aquella voz dando ya casi por sentado que se trataba de un fantasma.
-Desde la tierra. Hace un día precioso y estoy tomando el sol… ¿Sabéis? ¡Dicen que aporta mucha vitamina D!
-¿Es una broma? –repitió Nico.
-No. ¿Es que acaso no lo sabíais?
-Pero, ¿cómo puedes vernos si nosotros no podemos hacerlo?
-¡Ah! ¡Es eso! ¡Necesitáis verme! Disculpad, a menudo se me olvida lo limitado que puede llegar a ser el cerebro humano. Estoy aquí, a vuestros pies, justo debajo de la oreja del que llamáis ogro.
Nico, Sergio y yo nos agachamos y entonces vimos algo alucinante: una hormiga con gafas de sol puestas, estaba tumbada sobre una diminuta hoja verde encima de una piedra. La oreja del ogro, a pocos metros, le proporcionaba una sombra estupenda para los momentos de calor.
-¡Por favor, fotos no! –nos dijo con una sonrisa levantando una de sus patas.
-Pero… –dijimos los tres con la boca abierta–, ¿eres de verdad?
-Bueno, ¡depende lo que cada uno entienda por verdad! De todas formas no es el momento de conversaciones filosóficas, –nos contestó mientras se sentaba a la sombra, se quitaba las gafas y nos miraba a los ojos–. Vosotros queréis saber cuál es el misterio de la vida, ¿no es cierto?
-Pero, ¿quién eres y porqué sabes tantas cosas sobre nosotros? –volvió a preguntarle Sergio con la boca abierta y un poco asustado.
-A veces cuesta tener paciencia con vosotros los humanos, ¿sabes? ¡Cansáis muchísimo con tantas preguntas estúpidas! Necesitáis tener una explicación para todo… ¡Es agotador! Pues bien, repetimos entonces: me llamo Pili, vosotros tres sois Nicolás, Sergio y Enol y estáis intentando averiguar el misterio de la vida, ¿correcto?
-Sí –contesté yo intentando poner un poco de luz a todo aquel asunto.
-¡Por fin!
-¿Por fin qué?
-¡Por fin avanzamos! ¿Sabéis? Tengo muchas cosas interesantes que hacer antes de que acabe el día. ¡Me pone muy nerviosa perder el tiempo!
-¿Y qué es lo que tienes que hacer? –le preguntó Sergio muerto de curiosidad por conocer la vida de aquella peculiar hormiga.
-¡Preguntas! ¡Más preguntas!
-Está bien -interrumpió Nico–. ¿Qué sabes tú sobre el misterio de la vida? ¿En qué puedes ayudarnos?
-¡Por fin una pregunta inteligente! Yo estoy aquí para invitaros a un viaje; esa es mi misión.
-¿Un viaje?, –pregunté sorprendido–. ¿A dónde?
-¡Al centro del Universo!
-¡Qué guay! ¿Y podremos ir en una nave espacial? –le dije emocionado viendo que estaba a punto de cumplir uno de mis sueños.
-¡No! ¡Es mucho más sencillo que todo eso! Repito: ¡los humanos complicáis mucho las cosas!
-Pero, entonces… ¿cómo si no vamos a viajar al espacio?
-Por aquí –contestó Pili señalando la boca del ogro que yacía a nuestro lado en la hierba.
-¿Qué? ¿Es una broma? –le preguntamos alucinados.
-¿Creéis que perdería mi maravilloso tiempo en venir hasta aquí para gastar una broma a tres mocosos incrédulos?
Pili estaba muy enfadada. Se había puesto de pie y nos miraba con cara de muy pocos amigos; así que ante la evidencia no pudimos hacer otra cosa que negar con nuestras cabezas. ¿Aquello estaba pasando de verdad?
-Está bien –continuó–. Si realmente queréis averiguar cuál es el misterio de la vida os aconsejo que hagáis ese viaje. A vuestro regreso tendréis los datos necesarios para elaborar una respuesta, y lo mejor de todo: ¡serán fiables al cien por cien!
-¿Un viaje a la boca de este ogro? ¡Nos habías dicho que el viaje era al centro del Universo! Pero si ¡le apesta el aliento! –protestó Nico.
-Está bien, ¡ya me he cansado! Tenéis dos opciones: una, meteros por la boca de este ogro que está dormido y aprovechar la oportunidad de realizar un viaje por el cuerpo humano descubriendo así el famoso misterio de la vida; y dos, quedaros aquí como pasmarotes haciendo cábalas y suposiciones sobre lo que los tres tenéis anotado en vuestras libretitas. No hay más. Debéis elegir. Yo ya he cumplido mi misión. Cada uno escoge qué hacer con las oportunidades que se le presentan  ¡Cristóbal! ¡Cristóbal!
Entonces, como por arte de magia, apareció un caracol con cara de cansado. Pili saltó a su concha y sin ni siquiera mirarnos le dijo:
-¡Arranca! ¡A las tres tengo cita para que me hagan las uñas!
-Pero… ¡no puedes irte…! –acerté a decir mientras veía como se alejaba entre la hierba–. Aún no nos has dicho lo que tenemos que hacer para descifrar el misterio. ¿A qué partes del cuerpo debemos ir?
-Lo sabréis cuando estéis dentro. Allí encontraréis amigos que os ayudarán: ¡siempre los hay!
-Pero… ¡no sabemos lo que tenemos que hacer! ¡Ni cómo es ese lugar! ¡Tenemos miedo! ¡Seguro que sabes cosas que no nos dices! Por favor… quédate y ayúdanos. ¡Al paso que va ese caracol jamás llegarás a tu cita! –le suplicó Sergio.
-Te equivocas… ¡Vuelves a equivocarte! ¡Siempre llego a mis citas! Cuanto más despacio voy primero llego. Por eso amo a Cristóbal. ¡La prisa es inversamente proporcional a la vida! Es algo que los humanos desconocéis... Adiós amigos. ¡Buen viaje!
Y así con esas palabras los perdimos de vista al verlos introducirse entre un manto de margaritas blancas que había unos metros más adelante.

                                                                      Continuará......